domingo, 2 de diciembre de 2012

Sobredosis de -H con acento en la -é



Resulta curioso que lo que más añore sea la sensación de mentira, la que después me hacía sentir estúpida por creer en una posibilidad como esa. Ella solo existía en tu boca y se daba un festín, yo te cazaba en tus ojos y en sus miradas fugitivas. Solías escapar rápido, a cualquier otra parte mientras yo me quedaba jugando con el vaho en tu cristal, escribiendo los reproches que no me atreví a vomitar. Si alguna de aquellas veces hubieras mirado hacia atrás sabrías que yo me quedé esperando cien años. Tal vez nos hubiésemos ahorrado cinco inviernos y eternos domingos, pero la huida te llamaba a la puerta y casi siempre la cogías de la mano. Solía pensar que para ver las cosas con claridad con un ojo bastaba, hoy me cubro los dos y no veo nada. Todo se ha vuelto de un color oscuro perdido, aunque siguen siendo los mismos que quisieron fulminarte. Los recuerdos se vuelven presente infinito; cuando tu decías que algún día aprendería a volar, sabiendo desde el principio que no te quedarías para verlo.




jueves, 18 de octubre de 2012

Pájaros de barro






Antes de que pudiera darme cuenta lo había convertido en mi búnker, un cobijo bajo tierra en el que esconderme del mundo. Cerré la puerta herméticamente y al darme la vuelta para observar donde estaba me topé con almas en busca de un cuerpo. Les miré a los ojos y pude ver que no éramos tan diferentes. Todos huíamos de algo: del tiempo, de nosotros mismos, o simplemente del frío. Parece que fue ayer cuando nos enseñaron a coser los rotos, a tapar las grietas con vinagre, a dar forma a la vida. Y ahora míranos, viendo como cambian los relojes a ver si consiguen detener a alguno. A pesar de que aprendimos que lo fugaz no se olvida no estoy preparada para salir de aquí. Se que las cosas no serán siempre del color que aparentan, y que si busco algo tendré que encontrarlo por mi misma aunque esté escondido en lo profundo y tenga que quemarme, a mil grados si es preciso. Se que con el tiempo me ensuciaré, pero hay un pequeño truco y es que si algo no te sale bien basta con cortar por la base y volverlo a levantar. No es fácil recomponerte cuando has descubierto que algo roto puede ser incluso más bonito de lo que era. Así que adelante, hazlo sin miedo, si lo vas a romper que sea contra el suelo. Voy a seguir aquí como cada mañana, mirando como lo destruyes una y otra vez para poder unirlo de nuevo. Sé que cada fractura es un aliento más pero tienes que parar. Te untas los dedos en cola y los deslizas por el lado cortante, te hieres, y sangras un poquito, como si lloraras por las manos. La cola y la sangre al cortarte con algo preciado crean un vínculo, un  pegamento capaz de unir universos paralelos como los nuestros. Pero lo de hacerte la ingenua no durará mucho, tarde o temprano te cansarás fingir que no sabes cuidar de las cosas frágiles. Sé que vas a seguir hasta no dar más de si pero el as que guardas entre los pinceles no te servirá y temo que te decepciones.. no te he dicho nada pero el adhesivo que llevas atesorando durante meses tal vez dos universos si, pero cinco no los mantendrá unidos por mucho tiempo.

sábado, 14 de julio de 2012

Blup
















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Me quité los zapatos de tacón y las agujas de andar por casa. Deje dobladito en una esquina todo lo que sabía acerca del amor, para no llevar peso innecesario. Y me subí, con los pies desnudos y el alma en goteras. Dispuesta a navegar en el barquito de papel, a dejarme llevar por el viento que levantas cuando suspiras, a sabiendas de que no siempre es de placer. Hay quienes pensaron que no era consciente del material del que estaba echo, otros, que simplemente quería ir a alta mar a cualquier precio. Los peces me observaban perdida en un mar de dudas y lunares. –Te hundirás- me dijeron. –En su piel- les contesté. Y me dispuse a naufragar en el intento a pesar del dolor seguro que sufriría si mis cicatrices volvían rozar el agua salada. Fueron 820 días a la deriva, pero tu brújula me desorientó y perdí la cuenta al segundo. Se que la única norma la cumplí con creces “tú confía en mi, que yo haré el resto”. Entonces dime ¿porque te pusiste a llover? Empecé a tener miedo, resbalaba del papel. Ellos, desde sus barcos anclados al asfalto me lanzaron salvavidas mientras gritaban –lo sabia!- pero no sabían nada… Hay pequeños tesoros que solo se encuentran en la brisa que nadie a saboreado antes. Y me aferré a los dobleces casi desechos por algo que parecía un corazón que no sabia bombear un sentimiento tan vulgarmente enfermizo. El mundo, cansado de advertirme en vano retiro su ayuda de mi alcance y cuando quise darme cuenta había perdido otra vez. 




jueves, 28 de junio de 2012

Prometiste París
























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Ahora me siento tan mentirosa que no me extraña que arrancaras el amor de tus paredes. En días como este aún sin ser domingo echo mano de esa cajita en la que guardo nuestra vida juntos, intensamente breve aunque, vidas mas cortas se han visto, algunas incluso de cinco minutos. Guardo tus memorias de viajes fugaces que ya no recordarás. En un sobre escondidas, están todas las promesas sin cumplir. Supongo que ya nunca nos besaremos en cada esquina de París. En un rincón temblando queda esa frase que solíamos usar cuando sucumbíamos a la desesperación “mientras nos queramos todo irá bien” un recurso que poco después pasó a ser una broma de mal gusto. Es complicado, tienen que compartir espacio con todo el resentimiento acumulado y entonces parece que a pasado una eternidad. Quedan restos de alguna que otra promesa cumplida, esas son las peores. Nunca sentiré lo mismo por nadie. Lamento el día en el que creí lo que estaba diciendo, no hay manera de desprenderse de ello. Es increíble que quepan dos años en una caja tan pequeña, por eso siempre hay algún recuerdo mas arrugado de lo normal. Intento rescatarlos lo menos posible, me da miedo empaparlos. Con  tanta presión un día estallará en mil confetis de colores… las mariposas huirán volando, como tu haces ahora, y por mas que deje la ventana abierta no volveréis. 



martes, 19 de junio de 2012

Noveno intento


Me declaro oficialmente perdida a la espera de una huida fácil. Y me encuentro desvestida, dibujando en tus cristales con las yemas de mis dedos cualquier día de lluvia en el que pudimos haber escapado. Pero no lo hicimos. Soy todas las orquillas perdidas entre tus sabanas, tú el coleccionista de pequeños tesoros que detesta seguir encontrando restos de una invitada de pies descalzos, que inexplicablemente le dio sentido a tu vida. Que hace de la cama un castillo en el que soñar y que tira por los suelos tus teorías sobre el amor. Ya no traigo mi respiración acelerada a tus frías mañanas, ya no vengo cargada de búhos que saltan de sus costuras para aferrarse a tu piel. Me faltan excusas para colarme en tu cama, me sobran motivos para escribir. Tal vez sea cuestión de tiempo que olvide los motivos que me hacían volver, pero es que no todos los días conozco a alguien capaz de decir “nena” con encanto. Y aunque nunca me habían parecido tan eternos los semáforos, ni tan hipócritas los domingos sigo buscando el “si” que mis labios no se atrevieron a pronunciar cuando me preguntaron _ ¿estás curada? _ Debe de haberse escondido en tus ojos de nomeolvides, pero ya sabes que ahí no volveré a buscar jamás.





martes, 8 de mayo de 2012





Hay días que pierden el norte, pero los Domingos se desorientan por completo. Son como estar en ninguna parte, en ningún lugar. Ese día tiene un olor especial a armonía, a manos que se frotan, a hierba húmeda o libros antiguos. Son bocanadas de aliento, que danzan de una garganta a otra, a la espera de algún bostezo.

Tejidos de azul cielo y sonrisa melancólica, los Domingo visten ropa de paseo por la mañana y pijama hasta la noche. Caminan entre los lunes y los viernes, pasando inadvertidos, silbando baladas. Algunas veces se ven salpicados por una sensación de vacío y el resto de días decaen, hasta recobrar el equilibrio natural de las cosas maravillosas que suceden a las 4 de la tarde.

Tristes días sueltos que añoran el frío. Se dice que los Domingos son eternos amantes del invierno, aunque solo se encuentren cada nueve meses. Cuando este llega, el Domingo se vuelve más dulce, si cave. Bohemios por el día y ardientes durante la noche, ellos nunca duermen.      
El invierno, perpetuo envidioso de las noches de verano, del poder que tienen de hacer de los descansos nocturnos una delicia, esperan impacientes desde el otro lado del mundo a que llegue Diciembre para nevar sobre los Domingos. Ellos, cálidos e ingenuos se contraen y se arrugan por el repentino frío. El calor genera una dilatación. Provoca el movimiento de vellos que se erizan, escalofríos y temblores. Entonces, una sensación de nauseas los invade. Y es lo mas dulce que hayan sentido jamás. No hay domingos desencantados. Por eso, en Abril, cuando recuperan el calor que se escapó, esos pequeños granitos de gélido afecto desaparecen y la melancolía vuelve a ellos.

martes, 1 de mayo de 2012

Toradh


Era una mañana fría, de esas en las que ignorábamos la diferencia entre el deber y el querer.   
Estábamos en la más alta torre, jugando a rescatarnos de nosotros mismos. Me apoyé en tu cabezal, parecía que estaba allí mucho antes que tu, deformado de sostener demasiados dolores de cabeza, así que lo deje caer por el mismo precipicio por el que cae la ropa cuando sobra. Estirando los brazos, prácticamente dejándome caer, conseguí alcanzar el nuevo almohadón, limpio de pesadillas repetitivas y sueños incumplidos. Lo orienté hacia el infinito, al principio no entendiste de que se trataba, hasta que me tumbe a tu lado, cerramos los ojos y empezamos a hablar flojito, como si todo lo que saliera de nuestra boca fuera un secreto. Des de aquel día compartimos los mismos sueños en una misma dirección. 
Dejamos caer sobre la almohada el corazón, las lágrimas, el sudor y los planes de una vida, a sabiendas de que estos nunca funcionan. En ella apoyamos todo el peso de una fe sin argumentos, basada únicamente en la paz que sentíamos al saber que nos olvidábamos del mundo y el mundo nos olvidaba a nosotros.
Fue el mejor regalo que pude hacerte.

Sin embargo, ahora duermen tus sueños donde todavía yacen los míos, atrapados.  Y quien sabe, es probable que no tardes en subir ahí a otra persona y la invites a soñar, olvidando todo lo que un día quisimos ser.